Alimentación Viva

Alimentarnos de frutas y verduras tal y como los provee la Madre Tierra, ciertamente trae numerosos beneficios para nuestro organismo ya que estos conservan los nutrientes y enzimas que requerimos para funcionar debidamente y mantenernos sanos.

Al llevar a cabo una alimentación cruda con frutas y verduras preferiblemente orgánicas, le estamos dando a nuestro cuerpo las vitaminas y micronutrientes que necesita a diferencia de cuando existe la cocción en nuestros alimentos, pues estos pierden la mayoría de los nutrientes, vitaminas y minerales, convirtiéndolos en toxinas ácidas, carcinógenas y radicales libres, sustancias que provocan enfermedades. Obligando así, a nuestro sistema inmunológico a atacar nuestro tracto digestivo, resultando en perdida de energía y susceptibilidad a otras enfermedades más.

Desde hace miles de años nos hemos acostumbrado a poner fuego en nuestros alimentos para hacerlos apetitosos en tanto al sabor, color, olor y apariencia y para “liberar” algunos nutrientes pero lo cierto es que esto también nos traerá otras complicaciones que tal vez algunos no han considerado. Pues en el proceso de cocción de los alimentos a altas temperaturas se produce una reacción química entre aminoácidos y azúcares simples, los cuales están presentes de forma natural en los ingredientes, por lo que es imposible evitar por completo su presencia, dando como resultado la “caramelización” del alimento además de una serie de compuestos de aroma y sabor y no menos importante la formación de la acrilamida, la cual es un compuesto químico que se forma justamente al llevar los alimentos a temperaturas a partir de los 120ºC.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que la presencia del contaminante acrilamida en alimentos podría ser perjudicial para la salud pública.
Al consumirlo, nuestro cuerpo la va a absorber, se convierte en un compuesto químico denominado glicidamida la cual es causante de mutaciones y daños en el ADN.


¿ Cómo cambiar nuestras costumbres alimenticias?

Primero debemos entender que todo se trata de un sistema de creencias que en su mayoría no forma parte de nuestra naturaleza. La alimentación, además de ser un proceso biológico necesario, es también cultural y social, así que compartimos estos hábitos que obtuvimos siendo influenciados por aquellos medios desde el pasado hasta la actualidad. Cambiar nuestros hábitos alimenticios no consiste en cambiar todo lo que nuestra cultura implique, es simplemente dejar de consumir aquellos productos que nos hacen daño, por ello cada quien tiene la responsabilidad de tomar la iniciativa de ser un buen ejemplo para la sociedad mostrando los beneficios que se gozan al hacer las cosas debidamente, como en este caso, mejorar nuestra alimentación.

Al consumir frutas y verduras no solo lograremos equilibrar nuestro peso, sino que también conseguiremos un organismo más fuerte y más resistente ante las enfermedades. Las dietas a base de plantas son naturalmente anti inflamatorias porque son altas en fibra y antioxidantes y mucho más bajas en los desencadenantes inflamatorios como las grasas saturadas y las endotoxinas (toxinas liberadas de las bacterias que se encuentran comúnmente en los alimentos de origen animal).

Consumir frutas también equilibra el sistema nervioso y nos ayudan a tratar la ansiedad, regular el transito intestinal gracias a su alto contenido en fibra, vitaminas, minerales y enzimas. Fortalecer nuestro sistema inmunitario elevando las defensas para enfrentarnos a cualquier virus, bacteria, hongo o parásito. Regeneran nuestros niveles de energía y vitalidad y muy importante, alcalinizan el organismo.

Remolacha, lechuga, tomate, uchuvas, aguacate, limón y semillas de ajonjolí.
Dulce de Dátiles, fresas, arándanos y nueces.



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